En un lugar muy lejano, incluso más lejano que en los cuentos de hadas, que ya es decir, había un planeta el doble de grande que la Tierra llamado Dulcano. Este planeta tenía unas condiciones muy parecidas a la Tierra, de hecho, había vida. En este planeta había unos seres vivos muy parecidos a los humanos llamados dulcanianos.
Los dulcanianos estaban divididos en una democracia: la mayor autoridad era el jefe supremo o Hulamid que gobernaba todo Dulcano. Luego estaban los “presidentes” llamados rahemesz que lideraban las cuatro partes del del planeta divididas por el meridiano central y el paralelo central. Por último estaban los ciudadanos (nilps).
Pero en este planeta había un problema, que no había sitio para todos. Había veinte mil millones de habitantes, por ello tenían que tomar medidas.
-¡Mihnio!, tienes que buscar un planeta que se parezca al nuestro -le dice uno de los rahemesz al buscador de galaxias y planetas.
-Vale señor -dice este.
A la semana siguiente sale Mihnio corriendo del observatorio y cuando llega a su destino dice casi sin aliento: - señor ya he encontrado un planeta muy parecido al nuestro.
-¡Genial, buen trabajo! -exclama el presidente.
-Pero hay un problema, ya está habitado -dice Mihnio.